Nando nació con una condición especial que los doctores no supieron explicar. Nació con piel de espejo. Médicos y enfermeras quedaron embelesados con el pequeño bebé. No sabían si limpiarlo o aplicar abrillantador.
Desde recién nacido lo acostumbraron a tener la menor cantidad de ropa posible y, gracias a esto, a Nando nunca le faltaron amigos. Creció rodeado de gente que quería estar cerca de él y de sus padres. Noche tras noche estaban de fiesta en fiesta. El padre siempre llegaba bien vestido, la madre bien maquillada y Nando, bien pulido, brillante y con su orden bien clara: debía permanecer limpio, impoluto y hacer caso a todo lo que los invitados pidieran.
Mientras siguiera estos consejos, Nando era el alma de las fiestas. Y no tenía que hacer nada más. Todos querían estar con él para poder verse de reojo al principio y, ya con confianza, hasta le decían: «Ándale, quédate de espaldas. Sí, así para poder verme de cuerpo completo».
Poco a poco se dio cuenta de que la gente no quería escucharlo tanto como querían verse en él. Nando deseaba hablar y expresarse, pero nunca obtenía más de un par de monosílabos de todos aquellos que siempre lo rodeaban. Ni las maestras de la escuela, ni los compañeros, mucho menos los padres. Todos querían una única cosa de él y, cuando hablaba, la gesticulación de la cara o los movimientos de la mano enturbiaban la imagen que reflejaba. «Calladito te ves más bonito», le decían. «Calladito y pulidito».
Un buen día se hartó de la situación. Se cubrió de ropa de pies a cabeza y se aplicó una gruesa capa de maquillaje en el rostro como lo había visto hacer a miles de mujeres a lo largo de su reflectante vida.
—Hoy todo va a cambiar, voy a ser visto y oído por primera vez —se dijo muy seguro de sí mismo.
—Egoísta —dijeron unos. —Perdiste tu esencia —dijeron otros. —¿Cómo puedes hacerle eso a tu familia? —dijo la madre. —Serás tonto —regañó el padre—. Si nadie paga por verte nos vamos a ir a la ruina.
Nando aprendió ese día el secreto de la fama. La gente no quiere verte como eres, quiere verse reflejada en ti.
Originalmente debía llamarse «La piel del espejo». Este fué uno de los retos que no he podido cumplir desde octubre. Admito que la escena de la lampara hecha de piel humana que sale en uno de los episodios de Welcome to Derry fue maravillosa, y hacer cualquier cuento que medianamente estuviera inspirado en eso, seria una burla. Así que le di poquito la vuelta para crear un satira sobre la viralidad, los influencers y esa batalla por ser cómo son, o ser cómo la gente quiere que sean.
Descubre más desde Tips e Ideas - La Gaceta de Bibliofílica
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
