El mono es un pequeño juguete, de apariencia perturbadora y acciones funestas. Cuando se activa, puedes estar seguro de que algo va a salir mal, muy mal. Este pequeño cuento de Stephen King acaba de ser adaptado y hay mucho que me gustaría discutir.

El cuento.
Mi primer acercamiento a este cuento llego con el horror inesperado de haber comprado el libro en un bazar de usados a un precio tan módico que no me dejaba recalar que le faltaban las primeras hojas. Aun así, la narrativa de King permite seguir la historia aun con el inicio incompleto (y que luego complete gracias a la piratería de Internet).
Este cuento es justo el cuento funesto, con un ambiente cargado de miedo, de culpa y todo en un ambiente sombrío que amo de King. Como en muchos de sus cuentos, tenemos el enfrentamiento del adulto contra sus recuerdos y culpas de la infancia, detonados por la necesidad de corregirlo antes de pasar el trauma a la siguiente generación.
La película
Aunque mantiene algo de la premisa original, la película es un espectáculo gore de principio a fin. El cambio menos importante es que el mono tiene un tambor en vez de unos platillos, pero esto permite que se extienda la expectativa al momento de activarse.
La trama familiar se extiende mucho más, y además del trauma infantil que el mono genera, se explora un poco el que tanto puede ser usado como una arma.
Las muertes, que son más espectaculares que las del libro, terminaron dándome más risa que asco. No es queja, al contrario. Aunque esperaba algo lúgubre y pesado, el resultado es disfrutable si te gustan los baños de sangre, vísceras y cadáveres. Se entiende completamente que Amazon Prime le ponga clasificación +18, porque las referencias sexuales solo son insinuaciones, mientras que la mayor parte de presupuestos se fue en sangre y carne falsa.
Conclusión
El tropo del “objeto maldito que ocasiona desgracias” es uno de mis favoritos en la literatura y el cine de terror. Lo hemos visto desde El diablo en la botella de Robert Louis Stevenson (sí, el mismo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde), pasando por La pata de mono de W. W. Jacobs, hasta llegar a este perturbador juguete con tambor. Y aunque cambie de forma, la premisa sigue funcionando: aquello que más miedo nos da no es lo sobrenatural, sino lo fácil que nuestra vida se puede ir a la fregada.
Algo que hace aún más interesante a esta adaptación de El mono es que pareciera ser uno de los llamados Dollar Baby Projects.
Para quienes no lo sepan, los Dollar Baby (o Dollar Deals) son un arreglo creado por Stephen King desde hace décadas: el autor permite que estudiantes de cine, aspirantes a directores o productores de teatro adapten uno de sus cuentos por la simbólica suma de 1 dólar. La condición es que los derechos de la obra siguen perteneciendo a King, pero los creadores tienen libertad para experimentar, aprender y mostrar su talento con un texto suyo.
Gracias a este esquema, muchas historias cortas del escritor han llegado a la pantalla en versiones más libres, experimentales o de bajo presupuesto. Algunos proyectos han costado apenas unos cientos de dólares, mientras que otros han llegado a presupuestos de más de 60,000 USD, como ocurrió con Umney’s Last Case. El formato también varía: desde grabaciones caseras hasta producciones en 35 mm.
Este sistema no solo ha servido para que nuevos talentos se fogueen, sino también para expandir el universo de adaptaciones de King, que va desde las superproducciones de Hollywood hasta estos proyectos más íntimos y personales.
Obviamente, este no parece ser un Dollar Baby, pero por ratos la película se siente tan amateur que llegué a sospecharlo, sobre todo porque King ha dicho muy poco al respecto. Otra confusión mía fue que juraba que uno de los personajes que aparecen casi al final era un cameo del propio King. Ya sabes, como Hitchcock o Stan Lee, pero no: internet me desmintió rápido.
Por último, en el canal de YouTube acabo de subir recetas de Sangre y vísceras falsas, por si tienes fiesta de Halloween o una adaptación gore que hacer.