Todos podemos mencionar una película, una serie, hasta un comercial donde una mujer sexy sale de una alberca en cámara lenta. Siempre hay un plano cercano a sus pechos y luego a sus caderas. Esto es un ejemplo de male gaze, es decir, de un producto creado para la mirada masculina. Porque nadie me podrá convencer de que salir de una alberca es una actividad tan importante que requiera tanto detalle, hoy vamos a hablar del male gaze
El origen
El término fue acuñado en 1975 por la teórica y cineasta británica Laura Mulvey en su ensayo fundamental «Placer visual y cine narrativo». Mulvey no solo hablaba de hombres mirando a mujeres; hablaba de una estructura de poder construida a través de la lente de la cámara.
Según Mulvey, el cine clásico de Hollywood está diseñado para satisfacer el placer visual del espectador masculino heterosexual. Esto se divide en tres niveles de «mirada»:
- La mirada de la cámara: Cómo se filma a los personajes.
- La mirada de los personajes masculinos: Cómo miran a las mujeres dentro de la historia.
- La mirada del espectador: Que es forzado a identificarse con el hombre para disfrutar de la película.
Los puntos clave del artículo de Mulvey:
- Escopofilia (El placer de mirar): Mulvey argumenta que el cine satisface un instinto primario de observar a otros como objetos.
- Mujer como Objeto, Hombre como Sujeto: En la narrativa tradicional, el hombre es el agente activo (el que hace que la historia avance), mientras que la mujer es el objeto pasivo (el espectáculo visual que detiene la narrativa).
- La Fragmentación del cuerpo: El Male Gaze tiende a «cortar» el cuerpo femenino en planos detalle: labios, senos, trasero o piernas, despojando a la mujer de su humanidad para convertirla en un fetiche.
El Male Gaze en la práctica: Ejemplos icónicos
Para entenderlo mejor, miremos cómo se aplica en películas que seguramente conoces:
1. Transformers (2007) – Mikaela Banes
Es el ejemplo moderno de manual. La escena donde el personaje de Megan Fox revisa el motor de un coche está filmada exclusivamente para el deleite visual. La cámara recorre su cintura y su abdomen con planos lentos, ignorando por completo su supuesta habilidad mecánica. Ella no es un personaje en ese momento; es un paisaje erótico.
2. James Bond (Saga clásica)
En casi todas las películas del 007 de los años 60 a los 90, las «Chicas Bond» aparecen a menudo saliendo del agua en cámara lenta. El protagonista las observa (y nosotros con él), estableciendo de inmediato que su función principal es ser una recompensa visual para el héroe después de salvar el mundo.
3. Suicide Squad (2016) – Harley Quinn
A pesar de ser una villana poderosa y compleja, la cámara de David Ayer fue duramente criticada por centrarse obsesivamente en los pantalones cortos de Harley Quinn. Mientras el Joker o Deadshot son filmados con planos que imponen autoridad, los encuadres de Harley a menudo se enfocan en su físico desde ángulos bajos y voyeristas.
¿Por qué es importante identificarlo?
En ningún momento estoy diciendo que películas con male gaze sean automáticamente malas, pero igual que unos tacos de tripa, no pueden ser lo único de tu dieta, ni tu punto de referencia. Todo lo que consumimos es un punto de vista, es una realidad, pero debemos darle tiempo, espacio y validez a otras realidades.
Y el female gaze, ama?
El Female Gaze trasciende la simple inversión de roles para centrarse en la subjetividad, la intimidad y la agencia de los personajes como seres humanos completos. En lugar de fragmentar cuerpos para el placer visual, esta perspectiva invita a la audiencia a experimentar el mundo desde la mirada del personaje, priorizando la conexión emocional y la reciprocidad sensorial. Un ejemplo magistral es Retrato de una mujer en llamas, donde la mirada entre la pintora y la modelo es horizontal y compartida, eliminando cualquier jerarquía de poder. Del mismo modo, en producciones como Lady Bird o la serie Fleabag, se nos presenta a protagonistas que no existen para ser «premios» o decorados, sino sujetos complejos que lidian con crisis existenciales, deseos propios y una realidad interna que el espectador habita junto a ellas.
