7 de Septiembre
Querida Sara, luz de mi vida. Llevo dos días aquí y ya te extraño. Prometí escribirte a diario y planeo cumplir mi palabra. Este nuevo mundo es tan emocionante, tan puro, que espero que mis continuas palabras te lleguen al corazón y decidas reunirte conmigo. Te verías muy bien en el vestido blanco que usamos todas aquí. El apóstol dice que la envidia es la culpable de todos los vicios de este mundo podrido por el deseo, así que todas debemos vestir lo mismo todos los días y así no sentimos envidia. También nos peinamos igual; es un poco difícil hacer el chongo que nos piden, pero creo que pronto me saldrá igual que a ellas. No quiero que piensen que soy rebelde o que no creo en las enseñanzas del apóstol. No sabes lo feliz que soy aquí, todas han sido muy amables. Me da pena que me cuesta mucho identificarlas, pero como todas somos hermanas, y nos podemos llamar así, pues no necesito aprenderme sus nombres. Hay una hermana muy mayor que me ha dicho «Hermana Sofía» cuatro veces; no he tenido corazón para decirle que ese no es mi nombre, pobrecita, de seguro le recuerdo a alguien. Espero que pronto te animes a estar aquí conmigo, te prometo que seremos muy felices juntas.
9 de septiembre
Querida Sara, ayer llegó una hermana nueva. Ella necesita mucho estar aquí, ha tenido una vida muy difícil y contaminada. Con decirte que tiene el pelo corto, así como si fuera hombre. Nada más a ti te voy a confesar algo: se le ve muy bien el pelo así, tiene una cara preciosa y ese tipo de peinado le queda muy bien. He visto a las otras hermanas murmurando a sus espaldas; algunas están molestas porque ella se ve diferente a nosotras, pero sé que en secreto opinan lo mismo que yo. Creo que se llama Elena. Pobrecita, está contaminada y está sembrando la envidia aquí; ojalá le crezca pronto el cabello para que volvamos a la normalidad.
15 de septiembre
Sarita, no había podido escribirte, pero prometo compensarte mi ausencia con chismes de las hermanas. Resulta que Lena se volvió tan popular, que Nadia inventó que tuvo un accidente en la cocina, y quién sabe cómo, el cuchillo que estaba usando le cortó el pelo desde la base del chongo. No sé las demás, pero yo no le creo. Total que ahora son dos las hermanas de pelo corto. Solo que Nadia tiene el pelo muy chino y así corto se ve todavía más diferente. Pobrecita Nadia, aún no ha superado los vicios del mundo de afuera.
Estaba escribiendo esas últimas líneas cuando escuché gritos en el pasillo. Prepárate que te tengo un nuevo chisme: a la hermana Ester se le quemó el cabello, y hubo que cortárselo igual que a Nadia. Que dizque se estaba peinando cerca de una vela porque está rezando y de repente se le empezó a quemar. Ya nos amenazó el apóstol con que no pueden seguir estos accidentes. Admito que extraño un poco la paz de los primeros días, pero, al menos ahora, ya me estoy aprendiendo más nombres y estoy conociendo más a las otras hermanas.
20 de septiembre
Mi estimada Sara, no me lo vas a creer: los accidentes siguieron, así que ahora todas traemos el cabello corto. Yo no quería, pero como la envidia nos estaba corroyendo por dentro, el apóstol dijo que mejor todas tuvieruviéramos el cabello corto, así nadie sería diferente. Este hombre es realmente sabio. Estoy muy agradecida de estar aquí, pero creo que aún no te he podido transmitir lo sano y diferente que es este mundo del tuyo. Rezo todos los días para que despiertes y vengas a este lugar tan lleno de paz.
29 de septiembre
Sara, ese mundo tuyo corrupto y pecaminoso sigue alterando mi paz. El otro día la hermana Raquel se limpió «por accidente» las manos en su toga blanca después de pelar los betabeles para el desayuno y parece que tiene flores en su toga. Gracias a ella ahora vamos a vestir todas de negro. Ese no ha sido el único incidente; día con día alguna hermana busca el cómo resaltar de las demás y es francamente cansado tener que creer que todo eso han sido «accidentes» por más que lloren y lo juren. Todas ellas están siendo corrompidas por ese horrible mundo que te has negado a abandonar y ahora yo soy la que no quiere que vengas. Tú y los tuyos ya nos han hecho mucho daño. No esperes más cartas de mi parte, y no me escribas más, que no quiero que también me contamines.
Si les extraña que escriba de cultos, es que no son muy frecuentes aquí. Esta historia salio un domingo de madrugada en lo que me animaba a salir de la cama. Lo primero que imagine fue un grupo de mujeres con un toga blanca y una de ellas manchando a propósito su vestimenta para resaltar. Hace rato tenia la idea de escribir algo epistolar y el estar encerrada en un convento o similar parecía un buen escenario para esta practica.
