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Tips e Ideas – La Gaceta de Bibliofílica

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No eres como nosotros

Publicada el 12/22/202503/20/2026 por bibliofilica

Tenía 7 años cuando empecé a usar camión para ir de la casa a la escuela. Mi madre no podía acompañarme; tenía que quedarse a cuidar a mis hermanos y abrir la tienda que nos daba el sustento familiar. El primer día de clase fue algo que nunca quiero volver a vivir. Me sentí observada, como si todos los que abordaban el camión fueran parte de algo y yo fuera solo una intrusa.

La suerte jugó a mi favor el segundo día, cuando Sandra, una de mis nuevas compañeras de clase, abordó el mismo camión que yo. La amistad no fue inmediata, pero su risa era contagiosa y sus enormes ojos negros eran magnéticos. Su plática era insulsa y apenas un poco más interesante que el rural camino que nos separaba de la escuela.

Había pasado poco más de una semana cuando confirmé mi sospecha inicial. Los pasajeros del destartalado camión de las 6:25 de la ruta Los Membrillos–Apodaca éramos siempre los mismos. Los lunes faltaba el señor de pelo largo que se bajaba en el entronque de las cisternas. Los lunes, miércoles y viernes, doña María, la que vende fruta con chile en la orilla del camino, cerca del puente al Mezquite, llevaba a su hermana al hospital a que le hicieran diálisis; subían a las 7 y bajaban a las 7:45 para esperar el otro camión que las acercaba hacia Jijipán. El maestro que daba Historia en los últimos grados subía desde antes que nosotras, pero siempre iba dormido hasta el fondo del camión, con los brazos cruzados y la gorra bajada sobre los ojos.

Muy pocas veces subía alguien nuevo. Apenas llevábamos un mes de clases cuando subió una turista rubia, de esas que casi no se ven por acá. Apenas subió, sacó su celular y, por su mirada que iba de su pantalla a la ventana, se podía adivinar que no sabía dónde estaba. De todo esto también se dio cuenta Sandra y ese día se nos ocurrió una idea. Pero no es que haya sido idea mía o idea suya; fue algo casi mágico que surgió de ambas.

Apenas vimos que era nueva y estaba perdida, cruzamos una mirada y empezamos a jugar con ella. No sé quién empezó, si fue ella o si fui yo. Es probable que nos hayamos sincronizado para ver a la turista mientras cuchicheábamos cualquier tontería. Lo que decíamos no era importante; hablábamos por hablar, por hacer ruido, pero sin despegar la vista de nuestra víctima. Lanzábamos risas ocasionales para que supiera de nuestra presencia, para que notara nuestras miradas.

Ingenuamente intentó sonreírnos. Eso logró que nuestras risas se volvieran más estridentes y nuestras miradas más filosas. Estoy segura de que logramos que se bajara muerta de miedo algunas paradas antes.

Seguimos con el juego por años. Cada que abordamos el camión esperamos a nuestra nueva presa. Si esta regresa al siguiente día, se vuelve parte del grupo y no vuelve a ser parte de nuestros juegos. A veces sube alguna señora que intenta hacernos frente. Una especialmente gorda trató de enfrentarnos, pero todos nos defendieron. “Tú no eres de aquí, no puedes hablarles así”, dijeron. “Déjalas en paz, que no están hablando de ti”.

No tomo otro camión que no sea el de las 6:25 de la ruta Los Membrillos–Apodaca. No podría hacerlo: me sentiría una extraña y me da miedo encontrarme con gente mala y rara que quiera hacerme daño.


Este es un pequeño cuento de mi autoría, la idea es publicar cada viernes, aunque no siempre se cumple. Los que más me gustan terminan siendo parte de colecciones de cuentos, junto con otros jamas publicados. En Amazón puedes encontrar mis otros libros, cuentos y libros en general.

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Mayra López (también conocida como Bibliofílica) es escritora, creadora de contenido y narradora apasionada por las historias que desafían lo evidente. Su estilo transita entre el terror, la ciencia ficción y el análisis cultural, siempre con un enfoque escéptico, cuestionador y profundamente humano.


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Mi nombre es Mayra, pero en RRSS me conocen como Bibliofílica. Soy escritora, ajedrecista y creadora de contenido apasionada por la difusión de la verdad, la ciencia y las historias cautivadoras.

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