En estudios recientes, astrónomos descubrieron indicios prometedores de vida en K2-18b, un exoplaneta ubicado a 124 años luz de la Tierra, en la constelación de Leo. Este planeta, también conocido como EPIC 201912552 b, orbita una estrella enana roja llamada K2-18 cada 33 días y se encuentra dentro de lo que los científicos llaman la zona habitable o «Goldilocks zone».
¿Qué es la zona habitable?
La zona habitable es una región alrededor de una estrella donde las condiciones son «justas» —ni demasiado calientes ni demasiado frías— para permitir la existencia de agua líquida en la superficie de un planeta. Esta zona se conoce coloquialmente como la “zona Ricitos de Oro” (Goldilocks zone) porque las condiciones son “justas como deben ser”, igual que en el cuento infantil.
El hecho de que K2-18b esté dentro de esta zona lo convierte en un candidato interesante para la búsqueda de vida extraterrestre.
¿Qué encontraron exactamente?
En 2019, dos estudios independientes, usando datos de los telescopios espaciales Kepler, Spitzer y Hubble, detectaron vapor de agua en la atmósfera de K2-18b. Esta fue la primera vez que se detectó agua en un exoplaneta ubicado en la zona habitable de su estrella.
Pero lo más sorprendente ocurrió hace unos días, cuando análisis adicionales revelaron la posible presencia de una molécula llamada dimetilsulfuro (DMS) en su atmósfera.
¿Qué es el dimetilsulfuro y por qué importa?
El dimetilsulfuro (DMS) es un compuesto químico producido principalmente por organismos vivos. En la Tierra, la mayor parte del DMS es emitido por el fitoplancton en los océanos. Hasta ahora, no se conoce ninguna fuente abiótica (no biológica) de DMS, por lo que su presencia en otro planeta es un posible biomarcador de vida. Al ser una molécula de vida corta y que su presencia en el planeta sea notable, parece significar que se está produciendo de manera continua.
Esto no significa que haya vida confirmada, pero sí que hay una combinación de factores —agua, zona habitable, y posibles biomarcadores— que hacen de K2-18b uno de los exoplanetas más prometedores para la astrobiología.
¿Podremos ir a K2-18b?
No por ahora. K2-18b está a 124 años luz de distancia. Eso significa que, incluso viajando a la velocidad de la luz (algo que aún está muy lejos de nuestra tecnología actual), tomaría 124 años llegar hasta allá. En comparación, nuestras naves espaciales más rápidas apenas alcanzan una fracción ínfima de esa velocidad. Y lo que los datos muestran es que probablemente en el planeta exista fitoplancton, el cual no se especializa en viajes espaciales o telecomunicaciones, así que tampoco podemos esperar una señal de ellos. Como dice un famoso poeta de los 80´s «solos, con muchos pero tan solos.»
Aunque no podemos viajar hasta allí, el hecho de que podamos analizar atmósferas de exoplanetas a esa distancia es un logro científico enorme. Cada nuevo dato nos acerca más a responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿estamos solos en el universo?
Reflexión personal
Crecí creyendo que no estábamos solos y hoy lo mantengo. La ciencia no solo lo considera posible, sino que busca activamente respuestas. Me emociona pensar que podríamos no ser los únicos seres conscientes del cosmos… pero también me entristece saber lo lejos que estamos unos de otros.
Quizás nunca nos conozcamos. Y, sin embargo, el solo hecho de saber que puede haber “alguien más”, ya cambia por completo nuestra forma de ver el universo.
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