Después de que murió mi abuela, tuve sueños recurrentes con ella. Siempre era lo mismo. Ella estaba «aquí» y tocaba cuidarla, pero su cuerpo no era sólido y al intentar sostenerla se me deslizaba entre los dedos como si fuera algún tipo de fluido. Si esto era una proyección de mi subconsciente para recordarme que ella ya estaba en un estado de putrefacción y que ya no había nada que hacer, o una representación de lo sobrepasada que me sentía al cuidarla, lo discuten ustedes en grupos de tres.
Hoy soñé con mi suegra: la estaba ayudando a caminar y, de repente, notaba que gruesas gotas de sangre manchaban el suelo, su ropa y sus manos. Ante la urgencia, la levantaba en vilo, cual doncella, y subía las escaleras hasta que la podía depositar en su cama para poder buscar bien el origen de la sangre. Si esto era un remanente del gran problema que fue lo frágil que se volvió su piel y de cómo terminaba con hematomas y heridas al menor rozón, o un reflejo de cómo sentía la responsabilidad total en mis manos, discútanlo en grupos de cuatro.
Yo solo quiero dejar de soñar con las partes desagradables, hacer lo que les dije a mis hijos que hicieran, quedarme con el antes, con la versión completa, y dejar de soñar y recordar remanentes de personas.
Descubre más desde Tips e Ideas - La Gaceta de Bibliofílica
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
