—Papá, ¿crees que allá también haya estrellas fugaces?
—No lo sé, hijo. Creo que sí.
En los últimos años, Logan había tenido que madurar demasiado para sus escasos 16 años, pero viendo así las estrellas, y sobre todo las estrellas fugaces, aún parecía un niño pequeño.
Leonel, su padre, no recordaba que en su juventud hubiera visto tantas estrellas, ni fugaces, ni normales, ni nada. Es cierto que hasta hace unos años, la contaminación era mucho mayor y ni siquiera se veían tantas estrellas como ahora. Combatir el cambio climático costó mucho trabajo; se tuvieron grandes adelantos al mejorar la producción masiva de recursos e incluso en el desarrollo del viaje espacial. Descubrir Tierra II fue un gran avance: por fin teníamos un planeta habitable al cual ir, y no estaba muy lejos del sistema solar. Solo que, por su posición y rotación, no lo habíamos detectado antes. Tierra II era un punto de partida para el avance de la humanidad en el espacio, para por fin romper la frontera final.
En toda la historia de la humanidad, cada vez que se descubría un nuevo continente o una nueva tierra, era complicado designar a los nuevos colonizadores. No podías mandar a cualquiera que quisiera volverse un tirano o que no aguantara el viaje espacial y el tiempo de criohibernación. No. Todos sabían que era importante ser cuidadosos. Por eso, los gobiernos del mundo se apoyaron en “UtopIA”. UtopIA era una IA que había diseñado las pautas para colonizar este nuevo planeta, que prácticamente no necesitaba ser terraformado y, además, mediante un sofisticado algoritmo, designaba a los colonizadores, buscando lo mejor de lo mejor. Lo más fuerte, lo más inteligente y lo más apto.
Cuando Logan y Leonel fueron seleccionados, no podían creer su suerte. Leonel llevaba ya seis meses sin empleo, y Logan estaba pasando por una mala racha: había sido acusado de participar en un asalto frustrado donde murió un guardia de seguridad. Ser seleccionados les brindaba una nueva oportunidad de enmendar sus errores. Logan quería que su papá encontrara una nueva compañera, una que le ayudara a tomar mejores decisiones, como lo hacía su madre antes de morir. Leonel esperaba que Logan por fin encontrara nuevos amigos que lo mantuvieran por el buen camino. Ambos estaban decididos a integrarse a esta nueva sociedad, buscando la felicidad que no habían tenido hasta entonces.
El día del despegue llegó. Cierto es que no habían tenido que regalar muchas de sus cosas, pues apenas poseían algo. Desalojaron la basura y sus pocas pertenencias en la banqueta y, apenas con una muda de ropa, se presentaron en la terminal de autobuses que los llevaría a las naves. Bueno, ellos pensaban que serían varias naves, porque cada viaje llevaba 100 pasajeros. Pero su sorpresa fue que los 100 viajarían en una sola nave, que por cierto no se veía particularmente nueva. El metal estaba algo maltratado y el letrero en rojo que decía el nombre de la nave, “Stardust” estaba algo opaco.
—Pa, ¿no se supone que cada nave tarda cinco años en ir y volver? Esta se ve como si ya hubiera hecho varios viajes. ¿No que la primera nave salió hace tres años?
—Pues sí —respondió Leonel—, supongo que esta nave antes era usada para algo más y por eso es tan pequeña y vieja.
El abordaje fue rápido. La línea de bioscanner no tuvo problema en acreditar la identidad de los 100 pasajeros y pronto los subieron a la cabina. Les asignaron su lugar en cómodas sillas que tenían una estupenda vista a una pared de vidrio templado que les permitiría ver el paisaje durante el trayecto.
—¿No que íbamos a dormir todo el viaje? —preguntó una voz en el fondo, que sonó muy familiar a la de Fabián, el mejor amigo de Logan.
—Sí, van a dormir, pero se les permite ver el despegue y despedirse de la Tierra. Después serán mandados a sus cámaras de criohibernación —respondió con una firmeza casi robótica una de las asistentes del vuelo.
—Estimados pasajeros, por favor, abrochen sus cinturones de seguridad. Estamos a punto de despegar y, durante las próximas dos horas, no podrán abandonar sus lugares.
Como si fuera un vuelo comercial, los asistentes se aseguraron de que todos estuvieran bien sujetos y luego se dirigieron al palco donde estaban sus propios asientos. Las dos horas que duró el trabajo de despegue y la entrada a la atmósfera fueron casi mágicas. Podemos asegurar que todos los viajeros se sentían como si estuvieran soñando: por fin podrían empezar de cero, casi como si fueran a renacer.
Cuando la nave se estabilizó, la ventana se convirtió en un portal mágico por donde se podía ver a la Tierra en toda su inmensidad. Su belleza era indescriptible.
—Pasajeros, por favor, desabrochen su cinturón y despídanse de la Tierra en la zona designada. Sigan a los asistentes y no se queden en sus lugares.
Logan se desabrochó rápidamente y fue a buscar al que hizo la pregunta. Con sorpresa, descubrió que efectivamente la voz era de Marcus, su mejor amigo… o su peor enemigo, según su padre. Marcus fue quien tuvo la idea del robo y quien disparó al guardia. Logan y los otros cómplices apenas estaban por recibir sentencia, pero Marcus debería estar en prisión.
—Dude, ¿te imaginas nosotros dos siendo los reyes de Tierra II?
—Sí, dude, será perfecto. Les enseñaremos a todos quién manda.
Leonel estaba teniendo problemas con el cinturón, más aún cuando divisó a Esperanza, su esposa, mirándolo fijamente entre la multitud.
Lentamente, y con los brazos cruzados sobre el pecho, Esperanza se acercó a Leonel, quien ya estaba sonriendo.
—Qué bueno que también te sortearon. Quería decírtelo, pero rechazabas mis visitas —la abrazó—. Pensé que no volvería a verte.
Ella lo abrazó de vuelta, aunque la preocupación le surcaba el rostro.
—Dime, por favor, que Logan no está aquí.
—Eh… pues sí. Los dos fuimos seleccionados.
—¿Y todavía pregunta por mí?
—No. Le dije… le dije que habías muerto.
—¿Cómo pudiste?
—Era mejor decirle eso que contarle que su madre había sido condenada a cadena perpetua por asesinar a un guardia.
—Ese bastardo se lo merecía, después de cómo nos trataba.
—Bueno, ahora puedo decirle la verdad. Estaremos todos juntos en el nuevo planeta.
—No sé… algo de todo esto me da mala espina. De todas formas, aún no estoy segura de querer que Logan me vea.
—Vamos, él te quiere y sé que te extraña. Vamos a buscarlo, y yo le explico. Que se enoje conmigo, no contigo.
Leonel terminó de soltarse la atadura, abrazó a su esposa, como no lo hacía desde hacía años y se dirigieron juntos a la ventana con los otros pasajeros.
Faltaban unos pasos para llegar con Marcus y Logan, cuando una compuerta de vidrio se cerró detrás de ellos. Un sonido raro, como de gas escapando, llenó la estancia, y empezaron a sentir un cambio en el ambiente, como si les faltara el oxígeno.
—Abran la esclusa —sonó una voz, y la ventana a la que todos estaban pegados comenzó a elevarse lentamente.
Los murmullos de sorpresa se convirtieron pronto en gritos y súplicas. Uno a uno, los cuerpos fueron expulsados de la nave, arrastrados por el vacío. Menos de media hora después, había cien nuevos cuerpos flotando fuera de la nave. De todos ellos, el único que obtuvo el consuelo de saber de dónde provenían las estrellas fugaces que ahora adornaban los cielos fue Leonel. Al menos había recuperado a su esposa, y toda su familia regresaría a la Tierra, aunque fuera como polvo de estrellas.
Texto ganador publicado en la Segunda Antología de Horror Cósmico.
Este es un pequeño cuento de mi autoría, la idea es publicar cada viernes, aunque no siempre se cumple. Los que más me gustan terminan siendo parte de colecciones de cuentos, junto con otros jamas publicados. En Amazón puedes encontrar mis otros libros, cuentos y libros en general.

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