«Farmear aura» es la nueva moda que internet no entiende. Es el nuevo «¡qué cringe dan, pónganse a hacer algo bueno!». Pero, mientras algunos ven esto como una moda tonta; para otros, es una práctica que está ayudando a que los jóvenes recuperen los espacios públicos. Derivado de la pandemia y el exceso de redes sociales e internet, se estaba perdiendo el uso de lo jóvenes de los espacio públicos, del afuera, de las plazas y jardines. Puntos de respeto para las K-popers que nunca dejaron de bailar en público, aun con tapabocas.
Cuando vi una batalla de farmear aura, mi mente viajó de inmediato a una de mis escenas favoritas del cine. No fue el Shabuya de Triunfos robados 3 —de esa me acordé después—, tampoco el duelo de modelos de Zoolander; ese estaba muy enterrado en mi memoria dentro de la caja de las «ridiculeces incómodas». No, mi pensamiento se fue mucho más atrás: hasta la famosa época de oro del cine mexicano, a la película Dos tipos de cuidado y a las recordadas coplas de Jorge Negrete y Pedro Infante ( Quiero estrecharle la mano a quien decidió agregar esas rimas a las verificaciones bancarias).
Francamente disfruto mucho de las batallas no batallas; de las palabras ingeniosas, de los movimientos fluidos y de la gente que no le teme ni al escenario ni al ridículo. «Farmear aura» es simplemente un término nuevo para algo que siempre ha existido: la necesidad de «enfrentarse» sin salir herido, mientras impresionamos a una multitud y recibimos su aprobación.
¿Cómo se farmea aura?
El término «farmear» proviene de la mecánica clásica de recolectar recursos de manera masiva en los videojuegos, por ejemplo en Minecraft, donde es común hacer granjas de oro o hierro optimizadas a tal grado que harían salivar a más de un genio capitalista.
La palabra «aura» ha abandonado su significado místico original para representar esa energía magnética, la compostura y la actitud imperturbable que proyecta alguien ante los demás. Ser cool, dirían antes. Tener presencia, se lo explicaría a mi abuela.
Así que farmear aura se ha transformado en un divertido ejercicio social donde las personas buscan acumular puntos de estilo y respeto mediante acciones cotidianas cargadas de una exagerada confianza, habilidades para el baile y soportar el ridículo de manera estoica.
Pero no se puede decir «estoy farmeando aura», de la misma manera que uno no puede ponerse su propio apodo; esto es algo que los demás deciden, ahí está lo difícil. El contrato social no escrito de darles a los demás el poder de decir si estás en la onda, si estabas en la onda y la perdiste. Sí, así como lo anunció Homero Simpson hace mucho tiempo.
La moda es ciclica
Por más que mi generación quiera olvidarlo, nosotros tuvimos una de las modas más horribles de la vida: el famoso «gallinazo», y había competencias de quién bailaba este baile de origen humillante. Las modas se repiten, la cultura cambia de nombre, pero intrínsecamente no hay diferencia. Dejen a los jóvenes tener sus modas, sus palabras y sus ritos. Todos nosotros estuvimos ahí, todos pasamos por una situación similar y, seamos francos, los tiempos pasados tampoco eran mejores. Mientras no exista un daño real, más allá de un poco de ego lastimado, que la gente y sobre todo los jóvenes disfruten de los espacios y de la fama efímera, que luego ya les tocará burlarse de las modas de los próximos años.
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