Ustedes saben que no soy enemiga de la IA, solo que la considero un becario encargado de las partes más simples y tediosas de los procesos, no la voz creativa. Así que creo que hoy me toca ser el abogado del diablo.
Planeta IA
La comunidad lectora no es feliz si no tiene algo de qué quejarse, eso nos ha quedado claro. Nos encanta tomar bando, y cuando el enemigo es la IA, con más ganas. El fin de semana pasado se reveló la portada de «El legado de la Rosa», el siguiente intento de Claudia Ramírez Lomelí por demostrar que puede madurar como escritora. Posiblemente, de su libro hablaremos en un futuro, porque, oh sorpresa, ese tropo sí me gusta.
Pero el problema no fue que la semblanza nos recuerde a otros tantos romances fantasticos de instituto. No. El problema es que había detalles en la portada —principalmente en los decorados del fondo y algunos en la protagonista— que hacen pensar que se usó IA en el proceso. La editorial salió a decir: «bueno, es que sí usamos IA, pero siempre con supervisión humana». Claro, ni modo que tengan a un hámster supervisando. O a una IA dando órdenes a otra IA.
Como esto no convenció a los fans, el artista encargado de la portada mostró el archivo PSD de esta, pero esto por sí solo no explica los errores del fondo. Y que quede claro: que tu trabajo se confunda con IA no significa que seas bueno; es que hay cosas que no tienen congruencia, porque una IA se equivoca y es trabajo del humano revisar eso. Francamente, no creo que la portada saliera en un solo prompt. Sí creo que hubo un trabajo creativo detrás, pero me parece que, para ahorrar tiempos en cosas detalladas como el cabello, los cristales y los decorados de madera, sí se usó.
Ejemplo B
Pero en estos días también salió la portada de «Cuídate, cariño» de Alberto Villarreal, la cual tiene también sus formas sospechosas. Sin embargo, esta funa no se ha materializado al mismo nivel. ¿Machismo? ¿Preferencia? ¿Sesgos de género? ¿Agotamiento por parte de sus fans? Discutan en grupos de 3, porque yo ni he leído uno de sus libros.
¿Y ahora qué hacemos?
Pues toca entender que la IA llegó para quedarse y ser parte de nuestras vidas, de nuestros trabajos y sí, del arte. Pero igual que el Photoshop, donde algunos hacíamos los edits más feos del planeta y nos sentíamos artistas, aquí los artistas deben usar de manera responsable la IA. Y antes de que pregunten: no, no se puede decir que una IA se «roba el trabajo»; el término es inexacto y no aplica así como quieren creer. Entonces, tampoco nos azotemos con ese tema.
El veredicto
Las portadas, las dos, son feas. Pero Porrúa nos ha demostrado que se pueden editar grandes libros con poco presupuesto y portadas que nadie quiere recordar. Un libro debe ser más que portadas bonitas, cantos pintados y ediciones especiales. Esperemos a que salgan los libros y entonces ya podremos opinar por completo de la obra, que al final del día es lo realmente importante aquí.
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