Me está costando lo que no creen ver la tercera temporada de Betty, la fea.
Creo que lo que más me molesta es que tuvieron poco tiempo y lo desperdiciaron en tonterías. No me refiero a poco tiempo de producción, sino a que esta temporada dura apenas 10 capítulos de media hora y, de a tiro por viaje, tenemos alguna secuencia de baile o de ensoñaciones. Tenemos tramas que nadie pidió, como la de don Hermes siendo pareja de doña Sofía, y el arco elíptico de Armando y Betty con su relación fallida que va y viene.
Betty está no solo más torpe que nunca, también está más indecisa y poco asertiva; y no, no le echen la culpa a la menopausia, que fue su otro gran enemigo esta temporada. Armando solo tuvo un trabajo: andar de migajero. ¿Qué le pasó al presidente de la compañía capaz de mentir descaradamente, de vestirse de drag y de aprovecharse de quien pudiera para salirse con la suya? Don Armando Mendoza, rey de la ira y del engaño, está más patidifuso que nunca. Y por eso mismo uno disfruta menos verlo celoso con la llegada del Frances.
Para que todo el mundo tuviera tiempo en pantalla, tuvieron que recurrir a tomas generales donde la mayor parte del elenco nada más está pendiente de qué pasa con Betty. Recurrir al regreso de Román y Michel parecía buena idea. De hecho, se agradece que Román tuviera un desarrollo de personaje, pero eso hace más triste que otros, como Nicolás, hayan quedado completamente estancados en todos estos años. Y Marcela… Marcela merecía una mejor vida, y un mejor final que un drama insulso por un papero o una boda a escondidas.
¿Qué tan mal tiene que estar esta temporada para que Román sea mi personaje favorito? Llevo 5 capítulos, pero seguiremos informando.
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