Se me acumulan los ayers mientras me faltan las mañanas. Empiezo a notar que las palabras escapan de mí, que hay más sombras en mis recuerdos. Estoy a punto de perder mi mente, así que he decidido decir la verdad. Queridos amigos, seguidores y metiches: sí, es verdad que yo maté a Poncho, mi segundo marido. Ustedes lo conocieron como Mr. Músculo 172, pero yo le decía Poncho, porque así le decía su madre y así le gustaba que lo llamara. Su santa madre, que Dios guarde y se le olvide dónde, fue una de las personas más nefastas que he conocido, y también la maté yo.
Quiero dejarme de mentiras y revelar mis juegos. Me he regocijado en ellos, como si fueran dulces prohibidos que ahora quiero compartir contigo. Ellos dos no fueron los únicos, tampoco los últimos. Desde hace mucho sé lo que soy, y no siento remordimiento al decirlo. No me he arrepentido de ninguna de las muertes que he causado y, es más, hay uno que se me fue vivo; en su tiempo me pareció lo mejor, pero ahora creo que debí regresar por él. Quiero confesar todos mis crímenes, y quiero hacerlo como se debe, como dictan las buenas costumbres, empezando por el primero: por mi hermano. A él lo asesiné siendo un bebé, y solo una persona lo supo. Tampoco de esta muerte me arrepiento, y cuando acabes de escuchar mi historia, sé que sabrás que hice lo correcto con todos y cada uno de ellos.
Este es un pequeño cuento de mi autoría, la idea es publicar cada viernes, aunque no siempre se cumple. Los que más me gustan terminan siendo parte de colecciones de cuentos, junto con otros jamas publicados. En Amazón puedes encontrar mis otros libros, cuentos y libros en general.

