Jasmín tiene un hermanito y una mamá. Cuando mamá se va a ir a trabajar por varias horas, le deja una bolsa de dulces para que esté contenta y cuide a su hermanito. Le han dicho que está muy pequeña para hacer todo eso, pero ella dice que no, que ya lo sabe cargar en la cadera como hace su mamá. También sabe calentarle su mamila y hasta cambiarle el pañal. A ella le gustaría tener muñecos y animales de peluche en su cama, y hasta tener un cuarto para ella sola. Pero la casa donde viven es pequeña. Los tres duermen en una habitación; en la entrada está la cocina y atrás, hasta el fondo, pasando el patio de tendido, está el pequeño baño.
Hoy Jasmín se ha despertado con dolor de cabeza, tiene la cara caliente y los ojos se sienten pesados. No tiene ganas de pararse de la cama. Extiende su mano buscando a su mamá, pero el lugar de ella se siente frío. Sigue buscando a tientas y encuentra el frío y rugoso tacto de la bolsa de dulces. Jasmín empieza a llorar; no quiere estar sola, quiere a su mamá y que le dé alguna medicina o, aunque sea, un té. No siempre hay dinero para doctores y medicinas, pero siempre hay algún té que promete ayudar a aliviarla.
El llanto de Jasmín despierta a su hermanito. Ahora son dos bebés que lloran por su mamá. El consuelo que tiene es una bolsa de dulces. Ella toma uno, y ha decidido que ese dulce será una medicina, que eso la va a ayudar a sentirse mejor. Los dulces que le deja su mamá son redondos y coloridos; vienen envueltos en un papel que hace mucho ruido cuando se quita. El bebé sigue llorando, pero la hermana no se siente bien como para prepararle una mamila y cambiarle el pañal, así que le da un dulce esperando que eso lo duerma.
Los dos pequeños están en la cama con un dulce en la boca. Jasmín sabe retirar la envoltura, pero su hermanito no. La pequeña siente cómo su hermanito intenta moverse de su lugar, pero es pequeño y aún no sabe darse la vuelta o hablar, así que le pasa un brazo y le canturrea. Cuando el bebé deja de moverse, se duerme profundamente.
Unas horas más tarde Jasmín despierta; se siente mejor. Voltea a ver a su hermano y este también está dormido. Le remuerde no haberle dado de comer y se levanta a prender la estufa para calentarle una mamila. con la mamila preparada como le enseño su mamá, se acomoda al bebe en sus piernas,pero no puede despertar a su hermano. Le inserta la mamila en la boca, pero en vez de succionar, la leche se escurre entre sus labios, como si algo no la dejara pasar.
Con cuidado revisa la boca de su hermano y no encuentra nada; usando sus dedos logra abrir la boca por completo y descubre que el dulce se quedó en el fondo de la garganta. Es pequeña, pero entiende que ese dulce es el que no ha dejado pasar la leche. Intenta retirarlo, pero los dedos no le llegan. Su hermanito se está portando muy bien, pues no está llorando, ni manoteando, ni mordiendo. Así que decide ir a la cocina por una cuchara. Encuentra una cuchara pequeña y de plástico con la que intenta retirar el dulce, pero este está muy atorado y no se mueve.
Jasmín se siente tonta; claro que el dulce no va a salir así. Ella sabe cómo cargar a su hermanito y con cuidado lo pone boca abajo y le empieza a pegar en la cabeza y en el pecho, cada vez más fuerte, hasta que el dulce sale rodando. El bebé es un buen niño y sigue dormido. La niña intenta darle de comer otra vez, pero su hermanito sigue sin despertar, así que se pone a jugar con sus muñecas de cartón.
A las pocas horas el silencio de la casa la empieza a poner nerviosa. Hace mucho que su hermano no llora, pero ya empieza a oler feo. Con cuidado le cambia el pañal; ella sabe que lo hace tan bien que ni eso logra despertar a su hermano. Ella sabe que su hermanito siempre está calientito y huele chistoso, pero ahora está frío. Decide que jugará con él bajo la cama, que lo abrazará y calentará.
Jasmín no entiende lo que siente; antes le gustaba cuando su hermano estaba dormido porque podía jugar a gusto, pero ahora siente que lo extraña, quiere que despierte. Intenta darle más dulces, intenta hacerle cosquillas, hasta intenta hacer que ruede en el suelo, pero nada pasa. Su hermano ya no se siente como su hermano, ya no huele como su hermano y ya no está caliente como su hermano. Ahora es y no es, como cuando se rompe un juguete.
Jasmín ha tenido pocos juguetes en su vida, pero sabe que los juguetes baratos se rompen fácilmente, así que es posible que si su hermano era barato, también se haya roto. Lo que está roto se va a la basura. Así que pone a su hermano en una bolsa de plástico de esas que la mamá guarda en la cocina para la basura, ata bien la bolsa porque si no los perros la pueden abrir y la lanza por la ventana, justo al depósito del callejón. Sabe que va a extrañar a su hermanito; ojalá pronto puedan comprar otro, piensa mientras se come el último dulce de la bolsa.
Este es un pequeño cuento de mi autoría, la idea es publicar cada viernes, aunque no siempre se cumple. Los que más me gustan terminan siendo parte de colecciones de cuentos, junto con otros jamas publicados. En Amazón puedes encontrar mis otros libros, cuentos y libros en general.

