“Desperté, me vestí, me lavé la cara, desayuné y fui a la escuela”. Esta es la estructura de inicio de más de una novela en Wattpad y, lamentablemente, también de demasiados otros videojuegos. No siempre nuestra historia debe iniciar con el protagonista despertando, hay otras formas.
El ejemplo que más me viene a la mente es la saga de The Legend of Zelda. Este tropo resulta útil en videojuegos porque sirve como pretexto para introducir al jugador en el nuevo mundo, decirle el nombre del protagonista, dónde está y qué debe hacer. En ese contexto, tiene sentido: los videojuegos necesitan tutoriales para explicar mecánicas y contexto. Y podemos nombrar muchos otros RPG donde pasa exactamente igual.
Pero en literatura… no tanto. Cuando escribimos, tenemos más recursos narrativos para enganchar al lector desde la primera línea sin tener que “dar instrucciones”. Para eso están el prólogo, la sinopsis y hasta los mapas al inicio del libro.
¿Es siempre malo comenzar con un personaje despertando?
No necesariamente, pero hubo una época en la que estaba tan sobre utilizado que se volvió un pecado narrativo. Sin embargo, hay casos donde este inicio está justificado, como cuando es relevante para la trama que el personaje esté dormido, en coma o en hibernación.
Por ejemplo:
- Rick Grimes despertando en The Walking Dead es un inicio potente porque el mundo ya cambió mientras él estaba inconsciente.
- En cambio, una chica despertando y vistiéndose para ir a la escuela como todos los días… no aporta nada al conflicto ni genera interés inmediato.
Las primeras líneas importan (y mucho)
Las primeras líneas de cualquier obra deben atrapar al lector de la misma manera en que, en los videos (ya sean largos o cortos), debemos cuidar esos primeros segundos que deciden si el usuario se queda o se va.
Un ejemplo de inicio atrapante en literatura es el de Todas las criaturas oscuras, donde la protagonista comienza diciendo que esa noche va a morir. Esa sola frase despierta curiosidad y tensión.
Otro caso muy interesante es Project Hail Mary. Aquí, un científico despierta con amnesia y sin saber que está en una nave espacial. Poco a poco descubrimos junto con él qué ocurre y por qué está allí. En este contexto, el tropo funciona como detonante narrativo y genera intriga en lugar de aburrimiento.
Conclusión
El inicio “desperté y me fui a la escuela” no es malo por sí mismo, pero debe aportar algo más que rutina. Si no engancha, es mejor buscar una escena que genere preguntas, tensión o curiosidad desde la primera línea.
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